Fragmento / 22 de mayo de 2026
Donde estés
Estoy sentado en lo alto del edificio, encorvado, mirando las estrellas mientras muevo los pies
Estoy sentado en lo alto del edificio, encorvado, mirando las estrellas mientras muevo los pies. El humo siempre fue un compañero; hoy trata de abrazarme un rato entre cigarrillo y cigarrillo, entre suspiro y suspiro. A veces lloro, a veces me duele la vida. No pude estar, no puedo estar y sé que no estaré, me digo mientras el cenicero se llena cada vez más rápido, mientras el café se enfría, mientras la noche se pone cada segundo más fría.
Soy un cagón y, para algunos, un caballero. Aposté con una baraja que yo mismo marqué. Me la jugué de valiente habiendo contado los huecos vacíos de balas y sabiendo que ese único tiro era para mí. Y aun así defendí algo que no era mío, sino tuyo, y en cada instante el gatillo se apretaba.
El disparo se escuchó. Yo sonreí y uno de mis yos cae al suelo, mientras el otro lo mira, lo abraza y lo arrulla hasta que por fin deja de latir.
Entre las ganas de enero, las emociones de febrero, las verdades de marzo, las risas de abril y las ilusiones de mayo, sé que junio viene con una amalgama de grises a traerme un poco de realidad: las realidades de junio.
Hoy quiero estar triste. Hoy quiero permitirme sentir un poco de bronca. Quiero apretar los dientes y llorar hasta que la garganta no pueda emitir un sonido, hasta que me cambie la voz, hasta que se me desvanezca la risa que tanto te gusta.
Hoy no puedo; mañana sé que sí.
Hoy quiero estar solo.
Mañana no voy a querer, pero ya voy a estar más acostumbrado.
De a poco las charlas van a menguar, de a poco las risas darán paso al silencio, y así, de a poco, te voy a ser una persona más con una linda historia. Me habré sin haberme ido. Me vas a poder soltar y vas a ser feliz en total plenitud, sin fantasmas, sin interferencias.
Porque de eso se trata esto, de eso se trató el primer café: verte y saber que amarte implicaría un costo; saltar de espaldas a un vacío, tener dinamita en la mano.
No me arrepiento de haber saltado. No me arrepiento de que me explote la dinamita. Te doy mi paracaídas y tengo mi otra mano sana por si necesitás un abrazo.
Quizás lo que me duele es pensar que podía torcer el destino. Es mi ego de escritor creyendo que, escribiendo fuerte y rápido, podía reescribir la historia. Pero no solamente la historia la escriben los que ganan; a veces hay historias que simplemente las escriben los que pierden. Aunque no sean tan bonitas, son historias que contar al fin y al cabo.
Estoy escupiendo mi pena, fumando más, llorando más, sintiendo más, queriendo escaparme, como siempre, pero ya no, porque es como querer tapar el sol con un dedo.
Estoy sentado en lo alto del edificio, encorvado, mirando las estrellas mientras muevo los pies, tranquilo sabiendo que alguien te ama, alguien te cuida, te abraza, quiere un futuro con vos y está peleando por eso. O al menos eso deseo con todo mi corazón. Porque no puedo ser yo, pero eso no significa que no anhele con la vida misma que estés feliz, que sonrías y puedas ver con claridad la vida, que estés en paz con las decisiones, que yo no sea una interferencia errática en tu vida.
No quiero dejar de escribir, pero me queda media botella de un destilado y un par de cigarrillos más. Voy a seguir hasta que salga el sol, tomando y fumando un poco. Aunque no sea autodestructivo, hoy me merezco romperme un poco. Se lo debo a mi entereza, que mantuvo los principios, y al amor más grande que te tengo: el de verte feliz, deseando a la vida misma que nos cruce en otro momento, sin querer, en otro café, para preguntarte si me explicás la clase, porque vengo de lejos y llegué tarde.
Quizás llegué tarde y me perdí, pero te encontré para volverme a perder, y queriéndote perder me terminé encontrando en Buenos Aires, en las calles, en una sonrisa tuya, en tu voz
En la mía cuando hablo de vos.
Cuando te pierdas, estoy a un mensaje. Aunque no te vayas, no me olvides. Todavía hay un recuerdo que nunca existió guardado en un cajón, esperando que le den sentido de vivir.
Espero que mi beso en la frente te llegue,
Que mi abrazo te acompañe y que, no importa dónde estés,
Sepas que yo estoy arriba, sentado en el edificio, encorvado mirando las estrellas,
Cuidándote siempre que pueda.